Contra el tiempo y el tiempo

Posted Mayo 4, 2009 by robertoamaru
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Día 1, miércoles 11. A eso de las 11:00 pisamos por primera vez el suelo del parque, en la entrada por Laguna Amarga. Mientras esperamos al transfer y un venado o huemul nos da la bienvenida a lo lejos, recibimos la mala noticia: pronóstico nublado para los próximos días. En un plesbicito digno de Estados Unidos, se decide no modificar el plan original en que recorreríamos el parque y, en consecuencia, tomamos el transfer hacia hostería Las Torres. Un puente que se cruza a pie, y a eso de las 13:00 nos bajamos y comienzan los preparativos de una caminata que duraría seis días. Tres capas, bastones en mano, vibram bajo los pies (salvo un par de incautos), botella de agua a la cintura, mochila de 16kg en la espalda, energías disponibles y moral alta, partimos rumbo a campamento Torres, comprendiendo el primer tramo del circuito “W”.

Cuatro horas estimamos que tardaríamos. Al comienzo el paisaje ofrece a la izquierda terrenos relativamente planos y secos, y a la derecha el imponente macizo de cerros. Río, puente, descanso, y comienza el ascenso, en miras de llegar a las mismas Torres. Cielo cubierto; la lluvia y el viento leves comienzan a afirmarse con la altura. Me aburro de seguir al ritmo lento del resto de mi cordada, así que me separo de ellos y me uno a los más adelantados. Después de un par de horas, descanso y reunión: la lluvia y viento comienzan a ser preocupantes. Recibimos noticias de granizo y vientos fuertísimos que se avecinan. ¿Seguimos? Seguimos. Al poco andar, vivimos lo que nos habían adelantado: un angosto paso con un precipicio a la derecha, vientos capaces de botarte al menor descuido, y un granizo que te rasga la piel. Ante eso, no queda otra que hacerle frente y avanzar con seguridad, mientras le gritas al viento “¡Sopla más fuerte, hueón!”. Por suerte el paso (que más tarde reconoceríamos en el mapa como Paso de los Vientos) era corto; después comienza el descenso por la ladera de los cerros hasta llegar al campamento Chileno, a eso de las 15:30.

Sacarse la mochila, tomar agua, comer ración de marcha, descansar cubiertos por un pequeño bosque. Empapados como estábamos, el frío comenzó a ser preocupante. N y V llegan a la hora después, V con cara de “no doy un paso más”. El campamento Torres, nuestro objetivo de ese día, se encontraba a una hora y media de caminata por un sendero que muy bien podía ser mucho peor. Las parejas deciden acampar esa noche en el Chileno, mientras el resto seguimos. Motivado por el frío intenso, decido partir antes para entrar en calor lo antes posible. Para mi agradable sorpresa, el sendero va por entre medio de un bosque que proteje de la lluvia y ofrece un paisaje mucho más soportable. Subiendo por laderas de cerros me encuentro varias vertientes de agua pura y deliciosa. Al llegar a pequeños claros se aprecia la llovizna que avanza como niebla encajonada por las paredes de cerros, alguno coronado por un glaciar. Pasadas las 18:00 llego a campamento Torres, que resulta ser bastante más amplio y acogedor que el Chileno. Me guarezco en el pequeño cobertizo que hace las veces de cocina, esperando a que lleguen mis compañeros.

Al poco rato llega el resto de la avanzada; echamos puteadas a las nubes. “No se ven las torres”, nos comenta alguien que acaba de subir a verlas. Decidimos gastar el día siguiente haciendo guardia esperando que el tiempo mejore. Almorzamos, descansamos, armamos las carpas, soportamos el frío. Felipe nos convence que la hueá es así no más, con frases célebres como “nunca vas a estar cómodo” o “tienes que elegir qué mojar”. Son las 22:30 y aún está claro, pero la jornada fue agotadora y tampoco hay mucho con qué entretenerse (salvo, quizás, alguna nueva amistad forjada por Felipe), así que nos retiramos a las carpas. Felipe y yo dormimos en una, mientras Jorge, Moni y Monu arman un carrete con pisco sour en la otra. Llueve aún al momento de quedarnos dormidos.

Día 2, jueves 12. Y llueve todavía al despertarnos. Felipe no subió a ver a el amanecer en las torres, como amenazó que haría. Desayunamos y decidimos bajar sin mochilas al Chileno a visitar a las parejas, para no quedarnos todo el día inmóviles. Durante la bajada el tiempo comenzó a mejorar de a poco; a eso de las 13:00 estamos llegando y el tiempo ya está casi compuesto: cesa la lluvia y aparecen claros entre las nubes. Inmediatamente nos devolvemos a campamento Torres y desde ahí al mirador Torres, para verlas a ellas. Cris y Lisset se nos unen esta vez.

No había tiempo que perder: en cualquier minuto el cielo podía nublarse nuevamente. Llegando al campamento, no nos detuvimos y seguimos directo por el camino al mirador. Éste era en franca subida, primero por un bosquecillo recorrido por arroyos, y después por rocas. Agotados y hambrientos, llegamos al mirador Jorge, Monu, Moni y yo, a eso de las 15:00. Las Torres del Paine aparecen de súbito detrás del último peñasco y nos saludan desde la altura, acompañadas a sus pies por la Laguna Torres y coronadas por algunas nubes. Increíble vista a unos 1250 metros de altura. Nos sacamos fotos, grabamos videos, comemos algo de ración de marcha, soportamos el viento y el frío como podemos. A la hora llega Felipe; nosotros partimos de vuelta. Al poco andar vienen llegando Cris y Lisset. La bajada es harto más llevadera, aunque una tenue lluvia comienza a caer nuevamente.

Cansados y necesitando una ducha urgente, pero satisfechos, llegamos de vuelta al campamento Torres; Felipe llega un rato después. Mientras él prepara almuerzo y seca calcetines al mismo tiempo, planeamos la siguiente jornada: como habíamos gastado un día haciendole guardia a las nubes, teníamos que avanzar lo más posible, así que decidimos salir temprano y llegar a campamento Los Cuernos, lo que significaba caminar unas ocho horas y recorrer 16 kilómetros; no podemos seguir más, pues se rumorea que el campamento Italiano está cerrado. Nos acostamos temprano; yo seco alguna ropa húmeda metiéndola al saco antes de dormir, siguiendo los sabios consejos del Onaman (“En la montaña, la única fuente de calor en kilómetros a la redonda, es tu cuerpo”).

Día 3, viernes 13. A las 8:00 estamos en pie y desarmando las carpas. A eso de las 10:00 desayunamos y comenzamos el descenso hacia el Chileno. Allí nos reunimos con las parejas, descansamos y seguimos bajando. El Paso de los Vientos no es ni la sombra de lo que fue el primer día. Llegamos los nueve a la base del cerro a las 13:30, Moni bastante desanimada, y nos detenemos una hora a comer ración de marcha, charqui en mi caso. La bajada, a pesar de ser más rápida que la subida, también desgasta y estamos algo cansados, pero aún quedan más de cuatro horas para llegar al destino propuesto.

El camino hacia el campamento Los Cuernos es bastante más chalero que los anteriores, así que avanzamos ligero. Al rato aparece el imponente lago Nordenskjöld, también conocido como lago Gesellschaft. No menos imponentes, los Cuernos del Paine también hacen su aparición a la derecha del camino. Viento fuerte a ratos, cielo cubierto pero fijo, ligeras subidas y bajadas, muchos arroyos y pequeños ríos para cruzar y aplacar la sed. V y N vuelven a quedarse rezagados. A las 2 horas de andar aparece un río más ancho y torrentoso que los anteriores, así que nos organizamos para cruzar sus dos brazos. No es peligroso, pero la idea es pasar mojándose lo menos posible. Gracias a la prestancia de Felipe y Jorge, pasamos todos secos salvo Cris, quién metió un pie al agua.

Cruzado el río, Monu, Moni y yo nos adelantamos mientras el resto se queda esperando a N y V para ayudarlos, y secando calcetines en el caso de Cris. Más adelante encontramos un sendero angostísimo y con un precipicio a la izquierda, lo cual sumado al viento y a las pesadas mochilas, lo hacía realmente peligroso. Decidimos volver unos pasos y encontramos el sendero verdadero, escondido detrás de un peñasco. El resto del camino sigue sin mucha novedad, salvo por el hecho que parece nunca acabar; a las 18:30 llegamos al Campamento Los Cuernos, a los pies de los mismos y a orillas del lago.

El campamento está semi anegado. Instalamos las carpas donde podemos, almorzamos. Hay duchas disponibles, así que llegada la noche estamos limpiecitos, sequitos y de buen ánimo, pese a la dura jornada. Nos tomamos una caja del vino blanco más caro del universo, echamos la talla un rato y a dormir.

Día 4, sábado 14. Cuesta levantarse. Aparecen dolores producto del esfuerzo acumulado. Desayunamos tarde y desarmamos las carpas más tarde aún, al menos los que seguimos: las parejas deciden quedarse un día más, tal vez celebrando San Valentín. El resto decidimos seguir hasta el campamento Italiano, que al parecer sigue cerrado. “Pico, lleguemos y ahí vemos”, es el espíritu. Partimos con Jorge, Moni y Monu a eso de las 12:00, mientras Felipe se retrasa un poco. Tres horas de marcha, según el mapa.

Húmedo. Llueve a ratos, pero los senderos están inundados por la lluvia acumulada. Olvidando que cuento con cubrebotas, me la paso más de la mitad del camino esquivando las pozas de agua y evitando meter el pie; un par de veces fallo y me mojo un poco los calcetines. Una playa de rocas en el lago, con llovizna y viento azotando la piel, es una delicia. Cerca del final el sendero se vuelve más seco. Llegamos los cuatro al Italiano y el guardaparques nos lo confirma: campamento cerrado, al parecer en represalia por un incidente con un retrete lleno de basura que resulta en su inutilización. Descansamos en un cobertizo similar al del campamento Torres; una sopita nos repone parcialmente. Jorge tiene problemas: uno de sus zapatos se partió por la mitad; para su suerte, un solitario trekker le regala sus zapatos que pensaba abandonar. “Felipe no llega, ¿qué onda?”; comienzo a buscarlo y lo encuentro con carpa ya instalada, al lado de Ana y Pablo, los amigos del primer día. Desafiando al guardaparques, deciden quedarse. Nosotros discutimos y decidimos no subir al Valle del Francés como estaba planificado, en parte por lo tarde que es y porque sigue nublado y lloviendo intermitentemente. Enfilamos hacia el campamento Pehoé, oficialmente campamento Paine Grande.

A la salida del Italiano cruzamos un puente colgante sobre un torrentoso río. El camino estaba más seco que el anterior, salvo por los arroyos; no me canso de tomar de esta agua pura. En nuestra impaciencia por llegar, el camino parece nunca acabar. A eso de las 18:30 llegamos por fin; el campamento Pehoé es espacioso y con un hotel a todo trapo, a orillas del lago Pehoé y con el cerro Paine Grande al fondo. Instalamos las carpas y comemos en la cabaña que sirve de cocina y comedor, tan cálida como abarrotada de gente. Duermo un poco incómodo, pues mi saco está húmedo (“Si el saco se te moja, no se secó más”), debido a que mi mochila no logra protegerlo de la lluvia.

Día 5, domingo 15. No hay noticias del resto del grupo. Después de desayunar, Jorge, Moni y yo partimos a ver el glaciar Grey, mientras Monu se toma el día libre. La idea es ir y volver, de modo que vamos sin las pesadas mochilas. Son tres horas y media, según mapa. Llueve despacio, pero sin parar. Enfilamos hacia el norte, con el lago Grey a nuestra izquierda. El camino no ofrece dificultad salvo una subida particularmente agotadora. Jorge se retrasa debido a una ampolla en el pie, que lo tiene cojeando desde el comienzo del viaje. Entre la transpiración, la lluvia y tal vez la humedad por la cercanía al lago y al glaciar, estamos completamente empapados, incluyendo zapatos y calcetines, pese a todos los goretex del mundo. El intenso frío no nos impide disfrutar del paisaje a nuestra llegada.

El extremo sur del glaciar Grey acaba en el lago del mismo nombre, y nos saluda a los que estamos al frente de él, en un pequeño cerro al borde del lago. Consta de hielo; kilómetros y kilómetros de hielo, del cual nosotros vemos sólo el extremo. Algunos trozos gigantes se han desprendido de él y se han transformado en témpanos que vagan por la tranquila superficie del lago, aumentando la sensación glacial. Sacamos fotos, grabamos videos, comemos chocolate proveído por Moni. El intenso frío nos hace emprender regreso antes de lo que quisiéramos. Jorge cojea seriamente, ahora también por un dolor en su tobillo, y por mi parte un leve pero constante dolor en la rodilla derecha comienza a molestarme. Pese a esto, otras tres horas y media después, a eso de las 17:30, estoy de vuelta primero al Peohé.

Felipe viene justo llegando desde el Italiano con Ana y Pablo. En la cocina ya están almorzando Monu y el resto del grupo; por fin todos juntos de nuevo. Decidimos tomar el catamarán de las 18:00 al día siguiente, que nos dejaría en el bus de vuelta a la civilización. Con Moni estamos pensando en visitar el Valle del Francés mañana, el único lugar que dejamos pendiente en la “W”, pero los ánimos y las energías no están muy altas. Estoy empapado y no me queda absolutamente ninguna prenda seca de recambio, así que me ducho, almuerzo, y me meto inmediatamente al saco, aún húmedo, pero no tanto como mi ropa. A eso de las 21:00 ya estoy durmiendo. El panorama es incierto para el último día en el parque.

Día 6, lunes 16. Despierto sin sueño a las 6:30 de la mañana, y al salir de la carpa el paisaje es tan sencillo como sorprendente. El sol radiante que se nos negó durante 5 días iluminaba el campamento con sus angulados rayos de mañana, y proyectaba tales luces y sombras sobre el Paine Grande que toda la gente se había levantado a observar. Era cuanto necesitábamos: desayunamos y antes de las 8:00 Moni, yo e incluso Jorge con sus dolores, estamos caminando de vuelta hacia el Italiano, para despúes subir al valle del Francés.

Ya conocíamos el camino, así que no debíamos tardar mucho pues además íbamos sin mochilas. Sin embargo mi dolor en la rodilla comienza a ser realmente molesto y me retraso del grupo. Al llegar al Italiano, casi tres horas después, el sol que nos despertó se había vuelto a esconder detrás de las nubes, que por su parte dejaban caer una lluvia intermitente. Ahora comenzaba la subida; lo ideal es llegar hasta el campamento Británico, desde el cual nos han dicho que se tiene una privilegiada vista de los Cuernos, de las Torres, del Paine Grande y del valle del Francés mismo. El camino es duro: mucha subida entre rocas y ríos, empeorado en mi caso por mi rodilla. A eso de las 12:00 llegamos a un mirador a mitad de camino al Británico; necesitamos estar de vuelta en Pehoé a más tardar a las 16:30, pues aún hay que desarmar las carpas antes de tomar el catamarán. Nuevamente con el tiempo en contra nuestra, nos resignamos a llegar hasta ahí.

De todas formas y pese a las nubes, la vista del valle del Francés y del Paine Grande con sus glaciares son espectaculares. Como regalo de despedida, desde el Paine Grande caen dos o tres avalanchas de nieve, con todo su rugido que escuchamos a lo lejos. Desde ahí no se ven las Torres, pero sí los Cuernos y el cerro Espada. Sacadas las fotos de rigor, emprendemos la vuelta. Cojeando, a eso de las 16:00 estamos de vuelta en Pehoé. Guardamos las carpas y enfilamos hacia el muelle todos menos Felipe, quien ya ha emprendido camino para completar el circuito “O” con sus nuevos amigos.

Mientras hacemos fila esperando la llegada del catamarán, los ánimos están encendidísimos. Pese a toda la belleza y aventura, nadie lamenta dejar este parque para volver a la calidez y comodidad de la civilización. Nadie se arrepiente de haber ido al Parque Nacional Torres de Paine (bueno, casi nadie), pero ha sido duro. Cuando Hielos Patagónicos hace su aparición en el lago Pehoé, no podemos sino hacerle vítores; al abordar nadie chistó al pagar una suma no despreciable para un viaje de tan sólo 45 minutos. Café o chocolate caliente a bordo, tallas varias, y desembarcamos en la orilla opuesta del lago. Corta caminata mientras el sol nos manda sus burlescos rayos por segunda y última vez, subimos al bus y ya estamos camino a Puerto Natales, mojados, sucios, sin plata ni energía, pero contentos de haber hecho el circuito “W”.

El Eterno Campeón

Posted Junio 4, 2008 by robertoamaru
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Hace pocos minutos terminó el partido final del campeonato de apertura del fútbol chileno, y, como todos (?!) saben, Everton se quedó con el título. Los colocolinos que lean este post me dirán que celebro triunfos ajenos; a ellos les digo que este es un post que yo iba a escribir cualquiera hubiera sido el resultado de la final, y que de todas formas, de haber salido Colo Colo campeón me habrían dicho que soy picota. Jalisco nunca pierde.

Este post se trata de lo fácil que es ser hincha de uno de los llamados clubes grandes. Es fácil ser hincha de Colo Colo, de la U, de la UC, de Boca Juniors, del Real Madrid. Es fácil porque son equipos que ganan frecuentemente y no tienes que aperrar con la amargura de la derrota tan seguido; es fácil porque siempre es fácil subirse al carro de los ganadores sin haber luchado por el triunfo. Me refiero en particular a los hinchas de Colo Colo. Se supone que la idea es que uno apoye al equipo con el cual tenga una mínima empatía conceptual: que la gente de Valparaíso apoye a Wanderers, que los microbuseros apoyen a Santiago Morning, que los con ascendencia árabe apoyen a Palestino. Ok, ustedes argumentarán que la gran mayoría de los hinchas de la U y la UC no dice “yo estudié en la Universidad de Chile y por eso me gusta la U” ni “yo soy muy religioso y por eso apoyo a la UC”, pero… ¿qué posible empatía puede tener alguien con Colo Colo?, ¿”tengo ascendencia mapuche”? ¡Ni cagando! El mejor argumento que el colocolino podría dar es que en su familia siempre han sido del Colo Colo, por lo cual él sólo sigue la tradición familiar, pero en ese caso uno inevitablemente se pregunta por qué su papá es hincha, y luego por qué lo fue el abuelo… hasta concluir que alguno de sus antepasados se hizo colocolino simplemente para ser de un equipo que gana. Asúmanlo.

El hincha de verdad es aquel de un equipo chico. Sólo la persona que escoge a su equipo porque lo representa de verdad y al cual apoya aunque pierda la mitad de los partidos que juega puede con toda justicia decir “yo SOY de mi equipo”. Y son sólo ellos quienes (cuando por fin obtienen un triunfo) logran saborear la victoria lo mismo que los jugadores. Felicitaciones a los hinchas de Everton, de Ñublense, de Audax Italiano (aguante Peredo!) y de O’Higgins por la incondicionalidad demostrada siempre. No dejen que un colocolino les saque pica cuando le gana a tu club, en cambio háganle ver lo cómodo que es su compromiso con el equipo que tanto dice apoyar. Porque para sacar pica cuando ganan sí que son mandados a hacer los del Colo: te mandan e-mails burlones, te recuerdan mil y una veces todos los títulos que tienen, te sacan a relucir hasta el cansancio la Copa Libertadores (eso fue hace 18 años, por favor). Por suerte no pudieron añadir este pentacampeonato a su abultada lista de logros.

Y en particular a los de Everton les digo: aprovechen de humillar a todo aquel que alguna vez los basureó por apoyar un “club chico”.

¡Espero réplicas!

Hasta la Vista

Posted Junio 2, 2008 by robertoamaru
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En septiembre de 2003 instalé Linux Red Hat en el PC de mi casa. Lo hice porque estaba tomando el curso CC31A Programación de Software de Sistemas (gracias al hint de Raúl, para variar), y se me hacía necesario un sistema operativo tipo Unix -como lo es Linux- para hacer mis tareas. Al poco tiempo comencé a notar las innumerables ventajas que tiene Unix sobre los sistemas Windows existentes, siendo la más importante, desde luego, la estabilidad que ofrece. Sin embargo a esas alturas aún era bastante complicado configurar una gran cantidad de hardware en Linux; hacer funcionar un pendrive significaba gastar horas buscando la forma hasta que te das cuenta que es imposible. Esto me hacía dependiente de la capacidad de plug-and-play de Windows.

Bueno, 5 años han transcurrido y las cosas han cambiado. Hace poco instalé Ubuntu Linux en mi nueva laptop y todo el hardware funciona impecable: la tarjeta de video, la de sonido, el touchpad, la webcam, el wireless, etc. Sin embargo aún sigo utilizando Windows. ¿Por qué? Por los juegos, claro está: los fabricantes de juegos en la gran mayoría de los casos distribuyen sus productos sólo para Windows, o a lo más para Mac… una pena. Obligado entonces a mantenerme atado a Microsoft por un buen tiempo… hasta el día de hoy.

Mi PC venía de fábrica con Windows Vista, que es una real basura. Por poner un ejemplo, en este minuto ya lleva UNA HORA copiando 1.5GB de un DVD al disco duro… lo cual me motivó a escribir este post, bastante fome, por lo demás. Detalles como ese me hicieron tomar, la semana pasada, la decisión de mudar de Vista al viejo XP, el más razonable de los Windows, pero manteniendo Ubuntu al mismo tiempo. Uf, todo un suplicio: bajar drivers, crear un nuevo disco de instalación para que reconozca discos duros SATA, reparticionar el disco. Para resumir mis peripecias: DOS VECES me borró la partición de Linux, una el domingo pasado y otra hoy en la tarde. Estoy pero contentísimo…

…chesumadre.

No compren software Microsoft. Aprovechen el noble esfuerzo de miles de abnegados programadores, gracias al cual contamos hoy con un software de calidad, gratis, y con soporte para el problema que se te ocurra.

Saludos.

MR69A

Posted Mayo 25, 2008 by robertoamaru
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  • Nombre del curso: MR69A Introducción al Mundo Real
  • Duración: un semestre
  • Requisitos: XX69F ó XX69H (o tirar currículum carerraja sin haber terminado la U)
  • Profesor de cátedra: Jefe de Turno
  • Carga académica: 45UD+ (no es posible inscribir más UDs este semestre)
  • Horario: 1.1, 1.2, 1.3, 1.4, … , 5.4, 5.5 y 5.6
  • Sala de clases: cubículo pequeño y oscuro
  • Asistencia: obligatoria
  • Evaluación: permanente e implacable

Me fui del mundo real: renuncié a la empresa. Duré seis meses; un semestre completo de dedicación y esfuerzo, cual ramo de la U. En pocas palabras, fue toda una experiencia, tan enriquecedora como desmotivante. Aprendí muchas cosas: Excel, SQL Server, contabilidad, inversiones varias… pero la más importante (y el motivo por el cual tomé el ramo) es el saber a ciencia cierta que el mundo real no es lo que me gusta. Me harté de los horarios rígidos, de la vigilancia constante que tienes encima, de la incomodidad de las instalaciones, de estar sentado todo el día sin moverte , de trabajar en temas que no me gustan y para los cuales no estoy ni me siento preparado. No es que no pueda aguantar esas cosas si fuera necesario, pero no puedo pasar otro año completo haciéndolas; no digamos el resto de la vida (lo malo es que muchas personas, si no la mayoría, no tiene esa chance de llegar y cambiarse de trabajo cuando no le gusta, pues tienen gastos impostergables que solventar…  pero eso es tema de otro post). Bueno, no crean que todos los mundos reales son malos, he sabido de gente que se siente a gusto con su pega en la empresa (e.g., Pitu Malverde). Además, nuestro caso con Felipe Macías (mi ahora ex-compañero de trabajo, para el que no lo sabía) es un poco particular, pues se suponía que íbamos a trabajar en una determinada área de la empresa y al final terminamos en cualquier otra… mala suerte no más. De todas formas yo creo que trabajar en una empresa es algo que definitivamente aporta a la formación de un matemático, algo que todos (salvo quizás aquellas promesas que se sabe dejarán la cagá haciendo investigación) deberían intentar… aunque reprueben el ramo como yo =P

Ya cauros, nos vemos en la Escuela.

Ranciedad

Posted Marzo 28, 2008 by robertoamaru
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Salí de la U y entré al mundo real, es decir, a una pega en una empresa. Y al interactuar con gente de fuera de la U me sorprendió descubrir que

las personas me encuentran arrogante.

No es que no lo supiera, pero no creí que fuera una característica mía tan notoria. Lo peor es que, conversando con más cabros de la carrera, me doy cuenta que al parecer es una caracterísitca general de los matemáticos, si no de todos los bochefianos. Ustedes me dirán “pero hueón, si voh sabís que la hueá es así, que somos rancios por definición”; sin embargo insisto: ¿es que se nos nota tanto?, ¿la gente lo nota en nuestra forma de hablar, de mirar, en la postura o en qué? Porque les juro que, al menos en mi caso, no lo hago intencionalmente; de hecho conscientemente evito decir frases que puedan sonar a autosuficiencia excesiva o menosprecio hacia el interlocutor. Tal vez, influenciados por ciertos personajes de la U, con los años nos fuimos volviendo rancios lentamente y todos juntos como generación, por lo que no nos dábamos cuenta en qué nos estábamos convirtiendo. O tal vez, como me comentaba Raúl, la gente interpreta como arrogancia nuestra tendencia a dar explicaciones de carácter lógico sobre lo que decimos y/o pensamos y a no cambiar nuestras ideas a menos que nos convenzan de manera satisfactora, sumado con la a veces absurda costumbre de hacer las cosas por nosotros mismos. O tal vez simplemente la actitud natural de las personas es descalificar al otro cuando se dan cuenta que estaban equivocados (ranciedad aparte, jejeje).

En fin, lo que es seguro es que la sicóloga de la empresa, la sicóloga externa a la empresa, mi jefe… hasta mi novia en una oportunidad, y quién sabe cuántas personas más, me encuentran rancio en algún sentido. Cuenten sus experiencias, a ver si podemos encontrar el por qué de nuestra pestilente imagen hacia el mundo real.

Posteen i wea.

Cantina ‘n Frens

Posted Marzo 28, 2008 by robertoamaru
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Los cantineros, es decir, los cabros de la oficina 434 del DIM, conforman un grupo demasiado particular. Qué manera de cagarme de la risa con sus tallas ñoñas sobre la U y alrededores, qué manera de dar jugo con las carismáticas personalidades de los profes y compañeros. A primera impresión no se logra captar toda la palpiquería de estos cabros, sólo una vez que uno se adentra en el lenguaje propio de ellos (palabras como HP, El Maestro, contradicciones, pistolear y tantas otras) es que puedes comprender y reirte con las tallas.

A modo de ejemplo del infinito jugo:

aicott

Una generación muy unida, por lo demás. Y muy buenos alumnos, jejeje.

Sin sonar mamón, gracias cabros por todos los buenos ratos pasados con ustedes: el asado santo, terrazas varias, Cartagua… y oficina 434, of course. Es un honor sentirme parte de la adherencia de la cantina.

See ya.

¿Blog o Flog?

Posted Febrero 4, 2008 by robertoamaru
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No recuerdo quién lo dijo, pero tiene toda la razón: un blog es igual que fotolog pero con la ventaja que no es un fotolog. Ejemplo de ello son las tres fotos que muestro a continuación.

Porotos con mazamorra

La foto anterior es una mesa con platos de porotos con mazamorra (cocinados por mi Karencita) listos para ser comidos y disfrutados.

Torre de pizza

Esta foto se llama “Torre de Pizza”. La foto siguiente es mi brand new Dell XPS M1530, al que he llamado Zeratul, y desde el cual escribo este post.

XPS

Enjoy.

Memorias de una Memoria

Posted Enero 15, 2008 by robertoamaru
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“Mi nombre es Tasa de Decaimiento Exponencial para un Movimiento Browniano con Drift y soy la memoria de ingeniería del dueño de este blog, quien gentilmente me ha cedido un post para decir lo que tengo que decir. Quiero contarles un poco de mi vida, de lo difícil que ha sido y las cosas que tengo escritas en mí.portada memoria

A diferencia de ustedes los seres corpóreos, cuyo comienzo de la existencia queda perfectamente determinado por el momento en que nacen, para las memorias de ingeniería no es claro desde qué minuto se puede decir que existimos. Hemos adoptado la convención de que nacemos en el momento en que nuestro autor inscribe el ramo XX69F ó XX69H; por ende, yo tengo ya un año y medio de vida. Mi tema son las probabilidades y específicamente el Cálculo Estocástico, una de las áreas más complicadas de las matemáticas, a mucha honra. Como todas, nací como un proyecto y fui adoptando forma de a poco a medida que a mi autor se le iban ocurriendo las ideas, redactándolas luego en LaTeX. Las ideas tardan mucho tiempo en surgir, explicado principalmente por la conocida ley del rendimiento del memorista: la productividad del memorista es inversamente proporcional a la cantidad de tiempo restante para entregar el documento final. Usualmente la fecha de entrega suele postergarse una o dos veces, en mi caso fui entregada dos meses y tres semanas después del primer plazo oficial; sin embargo, he sabido que otros memoristas logran extender su plazo de entrega al parecer de forma indefinida, no pregunten cómo. Esta demora se produce principalmente por la inercia de los autores, por no decir flojera; en lo que a mí respecta, mi autor tuvo que luchar consigo mismo incontables veces para encontrar la voluntad de sentarse a trabajar para pensar en mí, venciendo las ganas de quedarse hablando por msn o tocando guitarra. Esto se tradujo en que el primer semestre yo terminé teniendo sólo 6 páginas, que restando 2 meses tenía sólo 20 y que las 34 restantes se escribieron al último. De todas las ideas que fructificaron, la más importante corresponde a mi capítulo 3 y fue concebida en la última semana de plazo, en un solitario almuerzo en Sauzal, luego de muchas tardes de quebraderos de cabeza. Sin esta idea yo sería aún más ínfima de lo que soy; creo también que es gracias a esta idea que la comisión que me calificó propuso hacer una publicación científica a partir de mis resultados, lo cual nos llena de orgullo a mí y a mi autor.

Como documento escrito, soy bastante corta para ser una memoria de un año, tengo sólo 54 páginas contanto portada, índice y agradecimientos, pero a cambio estoy bien escrita, pues mi autor se esmeró por dejarme estructurada de manera que sea agradable a la vista. Esto no es siempre es cierto cuando se trata de memorias de matemáticas; lo sé porque muchos de los cálculos hechos por mi autor durante mi creación fueron escritos en los reversos de las hojas de copias mal impresas de otras memorias. En particular, la memoria de Juan eran páginas y páginas de fórmulas horribles, nada agradable para leer; eso es lo que ocurre siempre con las memorias que tratan de EDPs.

Aparte del autor, existe otra persona que influye mucho en nuestra creación: el profesor guía. Es la persona que concibe nuestro proyecto inicial y que da las directrices durante toda nuestra creación. En mi caso, he visto al profesor guía sólo un par de veces (a pesar que llevo su nombre impreso en mi portada), pero esto es bastante común para nosotras. De hecho, el autor es casi siempre la única persona que nos lee por completo, salvo casos muy-muy excepcionales. Una de nosotras puede considerarse afortunada si alguna vez alguien hojea la copia de ella que queda en la biblioteca de la universidad. Lo que quiero decir es que una vez llegado el momento de la titulación del autor, pasamos a un estado de inactividad permanente, abandonadas en los estantes y en los recuerdos. Es como la muerte que ustedes sufren, con la diferencia que siempre estamos allí, latentes para volver a ser leídas cuando alguien nos necesite. Yo tengo la esperanza de que de mí surja una publicación que sea un poco más conocida de lo que yo soy.

En resumen, el proceso de terminar una memoria como yo es similar a un embarazo no deseado: durante su transcurso surgen dificultades y dudas, pero una vez concluido todos se abuenan y se encuentra la tranquilidad.”

It’s a dirty job, but someone’s got to do it

Posted Diciembre 12, 2007 by robertoamaru
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Hoy se cumple un mes exacto desde que comencé a trabajar. Primero que todo, doy gracias a Felipe Macías por haber pensado en mí cuando le pidieron que se consiguiera otro matemático para trabajar en esta empresa (que mantendré en el “anonimato”), sin esa movida estaría ahora casi tan ocioso como cuando era memorista (técnicamente aún lo soy, pero ese es tema de otro post). Gracias a esa movida llevo ya un mes en el área de contabilidad bajo el cargo de Analista en Control de Gestión, haciendo presupuestos e informes de directorio, usando camisas formales, levantándome a las 7 am, asisitiendo a reuniones con contadores e ingenieros comerciales, almorzando en lugares que te cobran $3.500 por lo bajo (I miss Sauzal!!!)… y ganando una suma no despreciable de dinero (al menos para un ingeniero (casi) recién titulado).

La pregunta obvia que mis queridos amigos compañeros de carrera se hacen es “¿cómo es la experiencia de trabajar en el mundo real?”. Como ya habrán sospechado, nada de los conocimientos específicos que se aprenden en los ramos de la carrera es de utilidad. ¿Teoría de la medida?, ¿análisis?, ¿control óptimo?… what tha hell r u talkin’ about, my fren? Microsoft al por mayor es lo que se usa: Excel, Visual Basic, PowerPoint, Outlook Express a granel. Nuestro estimado compañero Sebastián Court tenía razón: el DIM debería impartir un curso de Excel obligatorio para todos sus alumnos…

Otro punto que resalta es tu jefe. Bueno, yo nada más he tenido un jefe en toda mi vida, pero se me hace que de una u otra forma él (o ella) será especial. En mi caso es un tipo chucheta, de esos que te agarra “confianza” rápidamente y que se toma más libertades de las que debería… al pobre Felipe siempre le saca la mitad de su pan del desayuno. Al principio me chocó un poco esa actitud, pero ya me voy acostumbrando…

Además está el encierro de los cubículos, la ineficiencia de la gente de sistemas (hmmm, ¿dónde habré visto eso antes?), a veces hay que quedarse hasta tarde arreglando alguna cagá de último minuto… ¿Es que tiene algo bueno el mundo real? Siendo justos, sí, tiene cosas buenas. Los compañeros de trabajo son buena onda, así que el ambiente igual es grato; tengo horario flexible y varios beneficios extra. Además, no es Marcaria, jejeje. Pero la mejor parte de trabajar en la empresa privada es el dinero que recibes a cambio. En mi caso, me hace sentir libre. Demonios, suena a individualismo y capitalismo y tal vez lo sea, pero sentir que ya no dependes de alguien (mis padres en mi caso) para sobrevivir es lo mejor. No es que uno sea mal agradecido de lo que ha recibido de sus padres, sino que es una cosa de retribución: 24 años manteniendo al cabro… ya fue tiempo suficiente.

Saludos .

(sólo por si les quedó la duda: lo del curso de Excel era broma)

Do you have the time to listen to me whine?

Posted Diciembre 11, 2007 by robertoamaru
Categories: General

Como anticipé alguna vez en el blog de mi buen amigo Playero, sólo era cuestión de tiempo para que un copión como yo se uniera a este mundo de los blogs. Así que aquí me tienen, redactando mi primer post.

No sé bien qué enfoque tendrá este blog, (casi) nunca he escrito sin que haya razón práctica para hacerlo. No sé si este blog será un cúmulo de anécdotas hilarantes como el de Juan, no sé si será una bitácora de viajes por el mundo como los blogs de Sergio y Gus, no sé si será un jugo con patas como el blog de Diego y el de los cantineros, no sé si será un grito desesperado disfrazado de poesía barata adornado con imágenes coloridas. Tal vez tenga de todo una poca, ya veremos. Haremos camino al andar.